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Se recomienda ventilar los espacios de reunión, evitar en las liturgias gestos que impliquen tocarse, celebrar la Santa Cena optando por la intinción. Fotos del Sínodo 2008 de la IERP |
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La invasión de noticias que en los últimos días están colaborando a generar un clima de miedo y de reacciones instintivas más que racionales, también golpea la puerta de nuestras iglesias. Las personas preguntan si debemos seguir celebrando los cultos y si no hay que suspender reuniones. El tema, sin dudas, merece un abordaje serio y coherente con la fe que profesamos. ¿Qué hacemos en la iglesia? ¿Nos juntamos o no? ¿Le damos importancia y nos preocupamos o relativizamos?, se pregunta el Rev. Juan Gattinoni, de la Red de Liturgia y Secretario regional del CLAI. "Así como en el Antiguo Testamento vemos indicaciones sobre cómo cuidarse y cuidar a los demás ante enfermedades contagiosas, vale la pena ser prudente hoy también porque formamos parte de esta sociedad que pasa por un momento y situación especial", afirma. Los cristianos somos propensos a ser un tanto omnipotentes (cosa que a Dios no agrada) y pensar “a mí –a nosotros- no me va a pasar, Dios me cuida”. Y así seguimos nuestra vida normal sin prestar atención a las advertencias de peligros o dificultades. Tampoco es cuestión de tener miedo y aislarse en una burbuja hasta que pase la tormenta, considera Gattinoni. En el mismo sentido el Reverendo Gerardo Oberman, Presidente de las Iglesias Reformadas en Argentina, envió una circular a sus comunidades, donde desgrana una serie de recomendaciones, cuando aún no se ha producido el cierre de lugares públicos ni de masiva concentración. He aquí los consejos: Nuestros cultos y actividades pueden proseguir, siempre que las instancias gubernamentales no declaren una emergencia sanitaria que prohíba las reuniones cúlticas. Por supuesto que hay que tomar algunas medidas preventivas: * ventilar los espacios de reunión con tiempo suficiente antes y luego de cada encuentro, * colocar jaboneras con alcohol en gel para que quienes llegan a la iglesia puedan usarlo al entrar y al salir, * tratar de evitar el uso de himnarios y Biblias, reemplazando esto por hojitas con las canciones y las lecturas. Estas hojas luego se descartarán, * recomendar pastoralmente a las personas que se sientan con síntomas de gripe a que no asistan a las reuniones. Orar por ellas y acompañarlas solidariamente en un proceso que puede generar mucha angustia, * evitar que mujeres embarazadas y personas con dificultades respiratorias crónicas o con inmunodeficiencias asistan al culto, * no colocar en nuestras liturgias gestos que impliquen tocarse. Cambiar esto por un saludo con la mano desde lejos, una sonrisa cálida en lugar de un beso, etcétera. * poner en lugares visibles cartillas informativas y los teléfonos de centros asistenciales especializados, * colocar de manera visible textos bíblicos de fortalecimiento de la fe y la confianza en tiempos de prueba, * organizar horarios específicos durante la semana para que las personas, en sus hogares, oren por el fin de la pandemia de la gripe y la pandemia del miedo. En la ciudad de Buenos Aires, organizaciones religiosas de distintas confesiones, han comenzado a suspender reuniones que significaban concentración de personas, como medida preventiva. Oberman sugiere también que en los lugares donde hay temor por celebrar la Santa Cena se opte por la intinción (mojar el pan en el vino para evitar beber de una misma copa). Otra opción es leer el texto de institución de la Santa Cena, hacer el gesto de la partición del pan y el llenado de la copa y en el momento en que normalmente se participaría, hacer una oración pidiendo a Dios poder celebrar juntos y juntas este sacramento.
ALC
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