Archive for Lecturas Diarias

Viernes 21 de marzo

Una vez que Judas hubo recibido el pan salió. Y era de noche.

 

Juan 13,30

 

La traición. Es pisotear la fidelidad. Es el abuso contra la inocencia. Es devorar la ingenuidad. Es deshacer la confianza.

A veces sufrimos. A veces nos hacen sufrir. A veces provocamos sufrimiento. El misterio del mal y el del dolor van juntos, de la mano, en la noche oscura de la vida.

No sabemos de dónde vienen y adónde van.

Jesús lucha contra ellos con el arma de su debilidad, que le fabricó el amor. ¡Qué difícil es entender todo esto! ¿Se podrá entender?

“La noche es larga, Señor, es larga, y cuánto tarda esa mañana, pero ya veo que en la ventana se va asomando tu claridad“

La fe en Jesús se colorea de confianza. Y la confianza se torna esperanza.

Esperanza que es fuerza y energía para luchar por el destierro del mal y del dolor.

“Dios con nosotros”… “Dios entre nosotros”, en esa aventura de liberar y liberarnos.

Mas líbranos del mal.

 

Juan Damián

 

Juan 13,21-30

Jueves 20 de marzo

También ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado ejemplo para que hagan lo mismo.

 

Juan 13,14–15

 

A medida que vamos leyendo más y más el Evangelio, cobran admiración las actitudes y la vida de Jesús.

Nos sigue sorprendiendo la transparencia de sus gestos y la originalidad de su estilo.

“Nos queda grande” decimos. Corremos el riesgo de ponerlo lejos de nuestras mezquindades, pequeñeces y miserias. Se queda ahí en el altar de los héroes, como un objeto a contemplar.

No se trata de ser “hincha”, “fan” o “adicto” a Jesús. No podemos quedarnos en la poltrona cómoda de espectadores y conformarnos con ser “público”.

Importa que el Evangelio nos queme por dentro y nos despierte a caminar y jugarnos en la cancha y en el escenario de la vida.

Que el entusiasmo de su persona, que “siempre se pasa”, nos absorba y nos dinamice, más que a aplaudir, a seguirle.

Se trata de imitarlo. Él es el modelo (ejemplo) para nuestros criterios, opciones y conducta. “Hagan lo mismo que yo” parece ser su convite.

Él nos invita a compartir la aventura del Reino de Dios, que hace nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21,5).

Después de “tomarle el gusto” no lo abandonaremos más.

“Que su gracia nos atraiga a seguirle”.

 

Juan Damián

 

Juan 13,12-20

Sábado 29 de marzo

Jesús dice: Al irme les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se asusten ni tengan miedo.

Juan 14,27

 

Cuando era muy joven, me tocó vivir la Revolución de septiembre de 1955, en Córdoba. Fue una semana en la que tuve mucho miedo y quería escaparme, sin saber por dónde. Durante una tregua, eché a correr con mis tacos altos y perdí un zapato. Me saqué el otro y seguí corriendo. Un soldado me seguía y gritaba: “¡Eh, piba, tomá tu zapato!” pero yo corría y decía: “No quiero zapatos, ¡quiero la paz!”. El soldado me alcanzó y junto con otros que también corrían, nos obligó a entrar en el zaguán de un hotel, porque había terminado la tregua y recomenzaron los tiros y cañonazos. Allí tuvimos que quedarnos tres días más, hasta que todo fue superado…

Esos días parecían eternos.

Esto me hizo pensar y valorar la paz en sus diferentes formas. Poco tiempo después descubrí que la paz interior sólo la da Jesús, y que no es una falsa quietud, sino que aún en medio de la actividad y la lucha, nos ayuda a mantenernos serenos.

Recuerdo el coro de una vieja canción:

“Cual la quietud de un arroyo es la paz que yo siento,

cuando estoy con mi Jesús, es una paz tan sublime,

es un gozo indecible, que hace feliz mi corazón,

paz de mi Cristo, paz de mi Cristo,

paz por siempre.”

 

Elsa Anz

 

Juan 14,27-31

Miércoles 19 de marzo

… y se puso a lavarles los pies a sus discípulos.

 

Juan 13,5

 

El momento es dramático. Se acerca la traición y horas muy amargas. Pero no hay excusa. Había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin (Juan 13,1).

Ante la sorpresa de sus discípulos, en plena cena, se levanta, se inclina casi hasta el piso. Se pone a lavar los pies de los “suyos”.

Pablo dirá que tomó forma de siervo y bajando a nuestra altura se hizo uno de nosotros (Filipenses 2). Es el extremo, la locura de la encarnación.

El amor no respeta el absurdo. Lo atraviesa y lo aniquila. Está más allá de la mediocridad del sentido común, que llama exagerado al amor, porque no lo entiende.

Pedro todavía no llegó hasta el final de la lección del amor. Aún lo ata el sentido común.

En general desconfiamos de las palabras cuando van solas. Son los hechos, ciertamente, los que nos impactan y humanizan.

El Verbo se hizo más que palabras. Se volvió gesto. Porque el amor, más que decirse, se ve en los ojos, las manos, el cuerpo. Y es entrega.

Jesús, coherente hasta lo último, no se guarda nada para sí. Que su testimonio, entonces, nos inspire y fortalezca para vivir a su manera.

Déjate quemar si quieres alumbrar. (Canto y Fe Nº 275)

 

Juan Damián

 

Juan 13,1-11

Viernes 28 de marzo

Jesús dijo: el Espíritu Santo, el Defensor que el Padre va a enviar en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho.

 

Juan 14,26

 

Jesús, durante su vida terrenal, nos reveló con dichos y hechos  el carácter de Dios y su voluntad para con sus hijos.

Luego, al irse, en su gran amor nos envió el Espíritu Santo para que nos guíe, fortalezca y nos recuerde sus enseñanzas, ayudándonos a interpretar adecuadamente su Palabra. Claro que eso requiere también leerla, meditarla y compartirla.

Gracias a Dios que podemos contar con este Defensor, el Espíritu Santo, el que anhela estar con cada uno de nosotros individualmente, pero que a la vez cobra especial fuerza cuando nos reunimos con otras hermanas y hermanos, ya sea para orar, escuchar la Palabra  o trabajar juntos, enseñándonos a respetarnos y ser solidarios unos con otros.

Ojalá seamos concientes de tan valiosa oportunidad.

¡Gracias, Padre, por semejante regalo! Ayúdanos a discernirlo y aprovecharlo.

 

Elsa Anz

 

Juan 14,22-26

Martes 18 de marzo

Yo, la luz, he venido al mundo para todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas.

 

Juan 12,46

 

¡Qué hermosas las palabras de este evangelio! En ellas nuestro Señor Jesús nos invita tan sólo a creer en él para alcanzar y disfrutar de las bondades de su luz.

Muchas veces me pierdo, sin darme cuenta, en los laberintos de mi mente; en el ir y venir de mi vida. Me quedo atrapada allí procurando solucionar con mis propias fuerzas distintos problemas. Por la gracia de su amor siempre pude regresar hacia su luz y bajo su amparo he podido encontrarme con la misericordia, el brillo y la claridad que tiene su presencia; esa que lo llena todo, que lo calma y soluciona todo, la que siempre me ayuda. Llega como un remedio, a sanar y resolver los conflictos que me tenían atrapada en las tinieblas, en lo material, en lo terrenal, lejos del mundo espiritual, distante del poder de la fe.

Jesús me dio la salvación. Su amor, su luz, están ahí permanentemente para mí y también para todos los que puedan creer en él y puedan poner en práctica un poquito de fe.

Señor Jesús, agradezco tu infinito amor por mi vida que contiene sus grises y claros, por tu diaria protección para mi familia y también hacia mí.

Te pido que me brindes siempre el calor y el resplandor de tu luz. Que pueda por medio de ella llegar con tu palabra a quienes todavía no la han recibido. Que pueda encontrar dentro de mí, en las diferentes situaciones de la vida, la fe que me ilumine y me guíe por el camino en el que me cubra con tu abrigo, tu presencia y tu maravillosa luz.

 

Griselda Beatriz Mihura

 

Juan 12,44-50

Lunes 17 de marzo

Muchos de los judíos creyeron en Jesús, incluso algunos de los más importantes. Pero no lo decían en público por miedo a los fariseos, para que no los expulsaran de las sinagogas.  Preferían la gloria que dan los hombres a la gloria que da Dios.

 

Juan 12,42–43

 

Sin hacer un gran esfuerzo, me remonto a tantas situaciones cotidianas… en las que lo que uno siente o lo que uno piensa, es tan sólo algo muy, muy propio, muy de cada uno. Y claro está, imposible de compartir.

¿Cuántas son las veces, en un día, que callo para no sentirme excluida?

Yo, individuo, que siento  tantas cosas, que callo para ser aceptada, que escondo hasta mis creencias más profundas. Para ser simplemente uno más, una más en un millón, olvidando lo más importante… yo soy todo lo que siento, que soy como nadie y que soy diferente…

Ese grupo del que formamos parte, resquebraja nuestra esencia y hasta nuestros deseos más profundos. Ese grupo en el que siempre debemos ocultar la imagen y la percepción de nuestro Señor Jesús.

Ese Jesús que cree en nosotros, como tantos judíos creyeron en él. Ese Jesús al que a veces ocultamos para no ser menos ante los hombres, porque creemos en nuestra insignificancia en sus manos.

Ese es Jesús, el que sentimos y que nos acepta.

Vayamos pues, sabiendo que somos eso… nada más que lo que sentimos.

 

Claudia Wölfle

 

Juan 12,37-43

Jueves 27 de marzo

Jesús dice: El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama, y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él.

 

Juan 14,21

 

A través de su palabra Dios nos invita a amarle también, aprendiendo a obedecerle.

Muchas veces escuché decir: “¡Cómo voy a amar a Dios si no lo conozco!”, (incluso alguna vez en mi juventud yo también lo dije). Es más difícil amar a alguien que apenas conocemos. También dije: “Si tan sólo él me dijera lo que piensa, yo ‘simpatizaría’ más.”. Un día leí en su palabra: Mis pensamientos no son vuestros pensamientos…(Isaías 55,8), y luego me interesé más en escucharla y también leerla.

De pronto, a través de esto y de algún testimonio muy lindo, descubrí la diferencia entre mis pensamientos y los de Dios. Vi mi egoísmo -por un lado- y su gran amor, por el otro, y eso me conmovió. Cuanto más aprendemos a obedecerle y a amarle – más allá de nuestros tropiezos y demoras – más él se nos va mostrando y nos ayuda a entender su voluntad para con cada uno de nosotros. De pronto, nos hace bien pedirle que también nos ayude “a pensar como él, “a ver con sus ojos”, “a oír con sus oídos” y a “amar a su manera”. ¡Seguramente muchas cosas cambiarían bastante a nuestro alrededor!

Señor, ayúdanos a conocerte a través de tu palabra y a servirte en las pequeñas cosas, con amor y gratitud, en forma práctica y real.

 

Elsa Anz

 

Juan 14,15-21

Miércoles 26 de marzo

Jesús dice: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

 

Juan 14,9

 

Él se crió sin mayores privaciones porque –la verdad sea dicha– jamás le faltó absolutamente nada. Hoy, al frente de la empresa, recuerda diferentes anécdotas de su padre sobre los inicios de la firma, incluso sobre empresarios amigos, de la competencia, con los que se prestaban plata, materiales y hasta pasaban fines de semanas juntos, en familia.

Estos días se encontró con un grafitti en la pared del depósito: “El hijo no es el padre…” Él se quedó impresionado, pero en silencio. Al tiempo convocó a una reunión de personal en la que hizo un repaso de la historia de la empresa con una presentación de fotos. A los empleados más viejos les pidió contar historias de esos años. No pudo dejar de sorprenderse por el respeto que le tenían a su padre: “Tu padre sabía venir a trabajar con nosotros en los diferentes sectores, conocía nuestras vidas, sabía de nuestros sueños y nuestras familias, era el primero en abrir la puerta y el último en apagar la luz”. Luego les pidió a los más jóvenes que hablaran sobre sus sueños: “llegar a casa temprano”, “comprarme una moto”, “hacer mi casa”, “tener tiempo para mi familia”, y frases como éstas.

Días más tarde empezó a trabajar con frecuencia junto a sus empleados, mejoró las condiciones sanitarias, les ofreció créditos accesibles para mejorar sus viviendas, propuso un torneo de fútbol familiar para el día de la primavera y capacitaciones anuales para todos los empleados. Ahora, todos saben que “el hijo no es el padre… porque padre hay uno solo”, pero “como este hijo no hay otro”.

 

Jorge Weishein

 

Juan 14,8-14

Domingo 16 de marzo – 2º domingo de Cuaresma – Reminiscere

Por medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo.

 

Génesis 12,3

 

Sólo pensar en otra tierra, me traslada a mi segundo hogar.

Hogar en el que hice un año diacónico, donde encontré una familia y tantos amigos que no son más que bendiciones.

Tantas sensaciones intensas en un lapso tan corto. Tantas cosas por contar sin saber las palabras.

Debió ser así, no saber expresarme, para guardar dentro de mí esos sentimientos intensos, y que al aprender esas tantas palabras, salieron de mí con la intensidad que me provocaban.

La misma comunidad de Werther (Westfalia) hoy recuerda a Argentina no sólo como el país de donde provienen Messi o Maradona, sino como la verdad que muchos desconocían, esa verdad que nos envuelve a los países que aún estamos en desarrollo.

A partir de la bendición de mi año diacónico, muchos comenzaron a vivir a conciencia. Comenzaron a ver cuánto Dios los bendice, cuánto bendice a sus niños que no tienen que pedir monedas para poder comer o dormir envueltos en bolsas plásticas para tener calor.

Tanta gente que hoy me hace sentir tan bien, porque también entendí que en nuestra pobreza (por decirlo de alguna manera) tenemos tantos recursos, tanta capacidad y tanta familia por compartir.

La bendición de poder conocer tanta gente de muchos lugares. Entender que muchas veces el Señor nos hace uno en incontables aspectos, que a pesar del desarrollo o de la cultura que nos diferencian, tenemos tanta gente en algún lugar, pensando en nosotros.

Mi agradecimiento al distrito Halle de la Iglesia Evangélica de Westfalia que ayuda muchísimo a Misiones, que me acompañó a mí, que posibilitó que cada uno de mis días por esos lados fuera motivo de alegría.

Vayamos entonces, como yo fui, con la certeza de saber que el Señor nos acompaña y nos protege, y que cada día es un motivo más para sentirnos bendecidos.

 

Claudia Wölfle

 

Salmo 33,4-5.18-20.22; Génesis 12,1-4ª; 2 Timoteo 1,6-12; Mateo 17,1-9; Agenda Evangélica: Génesis 3,1–19 (20–24)