Reflexión Bíblica del Día

17/05/2008
A la hora de comer cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y mientras unos se quedan con hambre, otros hasta se emborrachan.
1 Corintios 11,21

Recuerdo con alegría algunas “cenas a la canasta” que se realizaban en una congregación de Misiones. Cada uno traía algo y todo era puesto –en un lindo arreglo– sobre la mesa. Una variedad de cosas y sabores. Después de una canción y oración de gracias, cada uno podía servirse lo que quisiera. Siempre alcanzaba para todos, así cada uno se alimentaba bien. A veces ocurría que alguno traía un vinito que sólo era compartido en sus alrededores y con el pastor. Una cuestión de gusto. Estas comidas o cenas eran fiestas comunitarias que sirven de modelo de fiestas comunitarias cristianas. ¡Qué vergonzosa la práctica de los corintios! Unos pasaban hambre, otros hasta se emborrachaban. Y a eso lo llamaban “cena del Señor”. Comprendo a Pablo que por tal actitud no podía felicitar a la gente. Lo que refleja la actitud en Corinto es en primer lugar una destacada división de la membresía. No se consideraban hermanos y comunidad, sino que cada uno entraba en competencia con el otro. Cada uno quería ser el primero en comer lo que había llevado. Si no compartes, te pierdes la alegría de la comunidad; los sabores diferentes, quedas enredado en tus propios olores y el propio orgullo no te permite crecer. La vista dirigida hacia Jesucristo descubre en el prójimo a la hermana o el hermano. El oído que escucha la voz de Cristo y sus palabras no queda cerrado para las voces de los que están a su alrededor. Las manos que se doblan para rezar serán fortificadas para ayudar. Formamos así la comunidad con Jesucristo. Amén.

Günter Kreher
1 Corintios 11,17-26


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